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Carlos Jiménez: Juventud, masculinidad y giro a la derecha

  • por
Andrés Kogan Valderrama

¿Cómo podemos caracterizar al electorado de Milei? ¿Se trata de hombres, de jóvenes de zonas metropolitanas, de sectores populares? Hay que sumar otros elementos para intentar comprender ese voto y su perfil como candidato del patriarcado, desde una perspectiva de género que vincula fuertemente a los patrones de la masculinidad hegemónica con el avance del pensamiento liberal de ultraderecha.

Desde hace un tiempo en los medios de comunicación y también en los espacios de reflexión política vienen poniendo el énfasis en el crecimiento del perfil masculino y joven vinculado al avance de las nuevas derechas en grandes centros urbanos. Así, los discursos que se están reproduciendo respecto del crecimiento de las derechas refieren predominantemente a jóvenes varones de sectores populares, como “el perfil de votante” de LLA, por lo cual resulta resulta central desestigmatizar a los pibes que están en situación de vulnerabilidad social.

Un estudio reciente de Universidad Nacional de Quilmes devela el perfil del votante a la Libertad avanza, a partir de tres cuestiones presentes en su pensamiento: la ideología neoliberal, el autoritarismo y cómo opera la “bronca” o el enojo en la sociedad. Recupero tres aportes: los votantes de Milei son predominantemente jóvenes (el 56 por ciento tienen menos de 30 años) y mayoritariamente varones, aunque un 35 por ciento son mujeres, y el voto se distribuye uniformemente en casi todas las clases ocupacionales, donde un 70 por ciento de los votantes tienen la educación secundaria completa.

Como señaló el Informe del Observatorio del Conurbano del ICO UNGS, en el ámbito del Conurbano Bonaerense en términos de cantidad de votos, Unión por la Patria se posicionó como la fuerza más votada en dieciocho municipios y Juntos por el Cambio logró liderar en seis. La Libertad Avanza fue la fuerza más votada en la categoría presidencial, pero en las elecciones de cada municipio no fue la fuerza mayoritaria en ningún distrito. Así, el peronismo retuvo el conurbano y fue la primera fuerza a nivel de la provincia de Buenos Aires. Si bien algunos analistas ponen el foco en un crecimiento de adhesión a LLA en sectores de votantes de las grandes regiones metropolitanas, con la elección fue sorpresivo el caudal de votos en el resto del país, en provincias con largas historias de bipartidismo. Finalmente, más allá del alcance federal y mediático que logró Milei en el último periodo, quiero destacar que no ganó en ninguno de los municipios del segundo cordón del conurbano, los distritos donde habita un alto porcentaje de población joven según el último censo.

Hay una fuerte presencia de varones jóvenes en el voto a Milei de diferentes sectores y grupos sociales, lo cual pone en evidencia la diversidad de perfiles que adhieren a este pensamiento ultraliberal. No hay dudas acerca de la transversalidad en el voto de quienes eligieron a LLA. En todo caso, el desafío es analizar los patrones de la masculinidad hegemónica que definen a aquellos varones que sí votaron a Milei.

Acá planteamos un fuerte vínculo entre la masculinidad hegemónica con el avance de la derecha. En esta línea, apelando a teoría social, económica y a los estudios de género, podemos reconocer que el patriarcado se imbrica tanto en el capitalismo, como la masculinidad hegemónica en el liberalismo. Tal como sostiene Bourdieu, las prácticas de la dominación masculina se despliegan de diferentes maneras naturalizadas en los ámbitos de la cotidianidad, mediante el lenguaje, las expresiones, la postura performática, las actividades productivas y las prácticas en los ámbitos públicos y privados. En una rápida caracterización de Milei encontramos el decálogo de la dominación y masculinidad hegemónica en sus prácticas; su ánimo exaltado, los insultos, las descalificaciones, las burlas, las violencias de todo tipo (verbales, simbólicas y políticas), incluso la figura del León como depredador y rey, son fuertes símbolos patriarcales de la supremacía que ostenta. Todo esto, sumado a sus intenciones de prender fuego o de hacer explotar lo público, son expresiones que dan cuenta de su postura discursiva respecto la demarcación espacial y territorial, propios de la masculinidad y de su intención de expansión del miedo.

La exacerbación de su performance varonil y de supremacía, es también otro modo de dejar potentes mensajes orientados al disciplinamiento hacia los grupos destinatarios del odio. Aquello que expresa de modo “pasional” es propio del machismo y aloja algo peligroso, dado que bajo esa noción construida y legitimada socialmente, se aceptan diferentes tipos de violencias, apelando a la “pasión” como un modo de romantizar acciones movilizadas por los sentimientos de los varones. En resumen, desde el sentido común y el universo simbólico, se lo considera como un “apasionado”, y no un violento. Es así que Milei como figura pública y política, habilita la reproducción de discursos de odio que rápidamente circulan potenciados mediante las redes sociales.

Es muy importante rescatar los aportes de Rita Segato y su concepto de pedagogía de la crueldad, mediante la cual sostiene que a los varones se nos enseña culturalmente a dominar y a ejercer la violencia. Esto echa luz sobre cómo se nos enseña el pensamiento liberal simultáneamente con los mandatos de la masculinidad, con los valores y prácticas vinculadas a la “competencia”, a la supremacía, a los modos en los que habitamos la espacialidad y los territorios. El individualismo liberal anida perfectamente las prácticas cotidianas que sostienen el modelo de la masculinidad hegemónica, el cual dispone, usufructúa, subalterniza, objetiviza al resto de las personas e identidades, además de las jerarquías que establece hacia dentro de los grupos de varones. La figura de la “competencia” que promueve el liberalismo es enseñada, y que gane el más fuerte, también. La performance de Milei en medios y redes sociales, no solo incita y reproduce distintos tipos de violencias, sino que presenta como parte de la naturaleza humana y como un valor legítimo, a la supremacía de unos sobre otros. Está claro que el equipo de comunicación de LLA comprendió el lenguaje de las redes y apostó a seducir a los jóvenes que están enojados desde un registro simple, directo, frontal y machista.

La dominación sobre otros empieza por la palabra, el lenguaje se convierte en un instrumento de poder. Por ello “el lenguaje inclusivo” es uno de los temas que más produce molestias entre los libertarios según el estudio de la UNQ. Las resistencias al uso de la “E”, la Educación Sexual Integral y a los derechos conquistados de las mujeres y las disidencias, no son más que la resistencia de estos varones que en estos últimos años vieron cuestionados sus privilegios. Así, también otras de las iniciativas de LLA como la libre portación de armas, son una expresión radical del corrimiento al pensamiento de derecha fascista, pero también resulta expresivo de la resistencia de la masculinidad hegemónica a sostener sus privilegios, frente a los cambios sociales en clave de la igualdad de géneros.

Desde el colectivo Masculinidades Críticas del Instituto del Conurbano de la Universidad Nacional de General Sarmiento venimos estudiando y reflexionando sobre cómo se configuran y se sostienen las violencias patriarcales y es por ello que consideramos que es necesario construir espacios para desarrollar la empatía y ámbitos colectivos. Frente al individualismo creciente, urge más que nunca avanzar en esta tarea.

Está claro que no podemos seguir culpando a los pibes, no podemos hacer cargo a los jóvenes de sectores populares del giro a la derecha en estas elecciones. Siempre es funcional a los sectores conservadores culpar a quienes están en mayor situación de vulnerabilidad, es funcional al ultraliberalismo estigmatizar a los pibes, y finalmente es funcional al fascismo no revisar los modelos de dominación patriarcal.

Secretario Académico del Instituto del Conurbano y Director de Masculinidades Críticas y Territorio de la UNGS

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/585920-juventud-masculinidad-y-giro-a-la-derecha