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Yayo Herrero: «A la manifestación del 8M deberíamos ir con alegría y con rabia»

Andrés Kogan Convergencia Social

Antropóloga e ingeniera agrícola, Yayo Herrero (Madrid, 1965) es una de las voces más reconocidas del activismo ecofeminista. Acaba de publicar ‘Toma de tierra’ (editorial Caniche), donde analiza la crisis actual -que ella define como un «naufragio antropológico»- y propone una solución que puede sonar utópica pero que es «viable». «El desarrollo de la empatía hacia una cultura de hacerse cargo -tanto de la tierra como de las demás personas- es el motor que nos puede ayudar a impulsar una política y una economía que afronte el más que previsible colapso social», sentencia.

Este miércoles es 8M. ¿Con qué espíritu deberíamos ir a las manifestaciones?

Con alegría porque tenemos muchas cosas que celebrar. Desde 2018, año de la tremenda explosión del movimiento feminista, hemos conseguido logros. Se han aprobado leyes que hace tiempo pensábamos que eran imposibles. A pesar de eso, mañana deberíamos salir a la calle con espíritu reivindicativo. Y también con rabia.

¿Rabia?

Sí porque a estas alturas hay gente que está debatiendo sobre el consentimiento… Es un elemento clave de las relaciones entre hombres y mujeres, fundamental para construir un vínculo de respeto más igualitario. Me gustaría que pudiéramos estar todas en las calles. Las mujeres migrantes, racializadas, gitanas… No hace falta que todas pensemos igual ni plantearnos las mismas cosas.

Unidas por el feminismo. Y ya.

Eso es. Una forma feminista de comprender el mundo es una forma en la que la economía, la cultura y la política se sitúan al servicio de la vida. No de cualquier vida, sino de la digna y buena.

Los cuidados son una de sus banderas ideológicas. ¿Qué pancarta va lucir en la manifestación?

Una que diga que el feminismo es un movimiento que se centra y que lucha por la vida digna. La vida de las mujeres, los animales no humanos, las plantas y la tierra.

¿No le da pena la división en el movimiento?

El feminismo del que formo parte es un feminismo que ha sabido manejar muy bien la diferencia y las discrepancias. Hay un grupo minoritario que, ahora mismo, no tolera esas diferencias. En todo caso, creo que no es muy útil hablar de división dentro del feminismo porque da pie a pensar que hay dos sectores iguales que se están enfrentando. Y no. Hay una parte, que es la gruesa, y luego están las compañeras que se han segregado porque no pueden tolerar a otras compañeras.

Afirma en ‘Toma de tierra’ que nos salvaremos del naufragio antropológico si nos reinventamos. Si rehumanizamos las relaciones y la política y renaturalizamos la economía. Pero es la sociedad la que debería querer ese cambio. ¿Es optimista o pesimista?

Ni una cosa ni otra. Vivimos en un mundo donde la economía del crecimiento se ha transformado casi en una especie de religión. Parece como si el dinero fuera un salvoconducto. Hace falta hacer un trabajo importantísimo de pedagogía social para cambiar la hegemonía cultural.

¿Cómo?

Teniendo tiempo para compartir, hablar y debatir sin estridencias y sin insultos sobre los problemas que tenemos delante y cómo podemos resolverlos. Tenemos la necesidad de asumir la inevitable ecodependencia, somos absolutamente dependientes de la naturaleza. Además, no hay vida posible si nadie se hace cargo de ella. Hablamos de la infancia, la vejez y la diversidad funcional. Eso ha sido una tarea que han hecho históricamente las mujeres. Es un trabajo que hace falta para sostener la vida, y los hombres deben asumirlo de manera corresponsable. No digo que las mujeres ya no se ocupen de ello, sino que no se ocupen sólo ellas.

Subraya que en nombre del progreso hemos hecho cosas de las que no estamos especialmente orgullosos. Por ejemplo, aeropuertos sin aviones y cultivos de tomates en el desierto. Concluye que, en el ecofeminismo, la ciencia y la tecnología están al servicio de la vida. ¿Me da un ejemplo?

Claro. La agroecología en la producción de alimentos, la arquitectura que tiene que ver con la rehabilitación y el ahorro energético, y la economía circular que hace que las cosas duren el máximo posible.

Hay alternativa, concluye, pero no dentro del capitalismo.

El capitalismo es una forma de producir basada en el crecimiento económico constante y conectado con la extracción de materiales y la generación de residuos. Poner límites a la destrucción ecológica significa colocar bridas al crecimiento económico. Además, hay otro asunto clave, el capitalismo promueve un tremendo individualismo. Y, en este momento, lo que necesitamos es justamente una tremenda cooperación y una profunda redistribución de la riqueza.

Fuente: https://www.elperiodico.com/es/sociedad/20230307/yayo-herrero-ecofeminismo-8m-dia-de-la-mujer-manifestacion-84197471