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Daria Serenko: «Las feministas somos la gran amenaza de Putin»

  • por
Andrés Kogan Convergencia Social

PREGUNTA. Cuando usted presentó este libro en Moscú hace ahora un año ya presentía que algo iba a ocurrir. ¿En qué lo percibía?

RESPUESTA. Este presentimiento está relacionado con mi trabajo como activista. Yo participaba en muchas campañas de activismo político, profeministas, estaba muy cercana al movimiento de oposición de Navalny… Y no tenía ninguna idea positiva de que el régimen no fuera a empezar una guerra. En cuanto se supo que Rusia estaba acercando sus tropas al territorio ucraniano empecé a decir que iba a haber una guerra, pero en ese momento me tildaron de alarmista. En el libro hay una reflexión velada sobre el pasado y presente imperialista de Rusia y también hay una reflexión sobre esta guerra en Ucrania que realmente empezó en el año 2014. También hay mucha reflexión sobre el militarismo de Rusia, que es un militarismo que forma parte de la cotidianidad y cultura rusa y siempre fue un militarismo peligroso que al final se ha convertido en un culto.

Cuando decía que iba a ser mi última presentación lo decía de forma un poco irónica pero sí pensaba que, o no me quedaba mucho en libertad en Rusia o no me quedaba mucho tiempo en Rusia en general. Y lo sentía de forma casi física. Sobre todo mi último mes, que es cuando llegó el pico de amenazas y acoso por parte de los grupos de ultraderecha rusos. Hackearon mis redes sociales, intentaron aceptar créditos a mi nombre… Físicamente sentía toda esa presión y tuve una crisis nerviosa. Y como sé que todas estas asociaciones de ultraderecha colaboran con la policía comprendía que esto era un ataque diseñado y planificado, una campaña para meterme miedo.

P. ¿Tuvo algún problema en que le publicaran el libro? ¿Ahora es fácil encontrarlo en Rusia?

R. Para mí fue sencillo publicar este libro porque lo hice con una editorial feminista independiente. Ahora no sé hasta qué punto es fácil de encontrar en Rusia. Sé que está a la venta y va por el final de la tercera edición. Es un libro que se ha vuelto muy popular entre las mujeres feministas en Rusia, pero por desgracia no creo que esta situación dure mucho porque hace poco me han nombrado Agente Extranjero en el marco de la organización feminista contra la guerra en la que participo y soy cofundadora. Y ahora mismo todas las personas que son consideradas Agentes Extranjeros, sobre todo si son autores, sus libros son difíciles de encontrar porque o los descatalogan o en las librerías los venden pero envueltos para que no se vea ni el libro ni el autor, o los esconden en los estands. Desgraciadamente, esto va a afectar a mi trabajo. Mi próximo libro se publicará pronto, pero no lo hará en Rusia porque va sobre la guerra y la dictadura.

«Cuando empezó la invasión empezaron a allanar nuestras casas. A compañeras se las empezaron a llevar al calabozo sin explicaciones»

P. Se cumple casi un año de la invasión. ¿Cómo fue aquel 24 de febrero para usted y cómo decidió salir huyendo del país?

R. El 24 de febrero estuve durmiendo hasta las cuatro de la tarde porque el día 23 salí del calabozo en el que había estado arrestada durante dos semanas supuestamente por actividad extremista. Llegué a mi casa y caí exhausta en la cama. Estuve durmiendo como un día entero. Y recuerdo que me desperté y pensé: no me puedo creer que esto esté pasando, salgo de la cárcel y ahora estamos en guerra. Enseguida empecé a buscar manifestaciones o algún tipo de reunión de protesta contra la guerra a la que pudiera ir. Empecé a escribir a todos mis amigos y conocidos de Ucrania para saber cómo estaban, ya que en las noticias aparecían cada vez cosas más horribles. Dos horas después ya estaba en un chat organizado con otras feministas y allí nació el grupo Resistencia Feminista contra la Guerra. Al día siguiente emitimos nuestro manifiesto y empezamos a organizar toda la red, manifestaciones de protesta, una marcha antibélica, un diario, empezamos a ayudar a los refugiados ucranianos… Y al igual que todas las personas que se manifestaron contra la guerra enseguida se nos echó encima toda la maquinaria represiva estatal. Empezaron a allanar nuestras casas y a intentar acusarnos de que estábamos violando la ley. A compañeras se las empezaron a llevar al calabozo sin explicaciones… Y varias de nosotras nos vimos forzadas a marcharnos en marzo casi de incógnito. Más que nada porque ya teníamos una amenaza de cargos penales sobre nuestras cabezas. En paralelo a esto, a las que siguieron en Rusia empezaron a detenerlas. Hay casos de torturas en los calabozos, amenazas de violencia física, de violencia sexual… Al final nos convertimos en un movimiento internacional casi sin querer porque vimos que miles de nosotras estábamos fuera, cientos se habían quedado dentro y todas estas secciones que aparecieron en 30 países son los sitios en los que cada una de nosotras acabamos. Pero funcionamos como una sola red con llamadas semanales y estamos las que nos fuimos y las que se han quedado. Ahora estamos organizando nuevas acciones de protesta, proyectos, tememos chats…

P. Usted es una activista feminista en pro de los derechos de la comunidad LGTBI. Esta precisamente es una de las grandes cruzadas de Putin en su país y contra Occidente desde que llegó al poder. ¿Por qué ha escogido Putin a las mujeres y la comunidad LGTBI como sus grandes enemigos?

R. Bueno, Putin no está solo en esto. Hay muchos dictadores conservadores que comparten estas tesis. No sé hasta qué punto ven en esta parte de la sociedad una amenaza o hasta qué punto es un movimiento político, una ideología, pero lo que sí es cierto es que para ellos es muy importante presentar esta idea de un enemigo interno y una amenaza externa. Putin necesita unir a la población en torno a ciertos conceptos y muchos rusos creen de verdad que sin Putin la OTAN hubiera barrido a Rusia de la faz de la tierra. Todas estas ideas conspiratorias que surgen en torno a cómo afecta Occidente a Rusia es una cosa en la que muchos rusos creen.

P. Puedo entender que la OTAN, la UE, Occidente así en genérico, sean su enemigo, pero ¿mujeres y las personas LGTBI?

R. Pero esto es porque Rusia tiene unos valores muy tradicionales, que además se han convertido en una ideología oficial del estado. Durante los últimos años el Estado ha trabajado de forma muy activa inculcando estos valores que tienen que ver con lo que tiene que ser una familia, la importancia de la fe ortodoxa, hasta qué punto somos herederos del imperialismo… Todo esto son valores de Putin que difunde entre la sociedad. Y nosotras, como feministas, y las personas LGTBI, no entramos en esos valores. Nosotras somos las que redefinimos los conceptos de la familia, la igualdad o cómo deberían distribuirse los discursos. Nosotros somos una amenaza directa a esta régimen masculino, patriarcal, machista y militarista que es el régimen putinista. No solo son estos dos grupos, feminismos y LGTBI, ahora tenemos que incluir a todas las activistas que representan minorías étnicas que hay en Rusia. Estamos viendo que estas activistas están hablando de las presiones que sufren, las presiones que sufren en las diferentes regiones, cómo se está atentando contra su lengua y cultura, y ahora mismo hasta las están llamando separatistas. Es decir, el Gobierno más de ultraderecha las está considerando separatistas.

«El Estado ha trabajado de forma muy activa inculcando valores tradicionales sobre la familia y nosotras no entramos ahí»

P. ¿Cómo es de fuerte la oposición al régimen por parte de la gente joven que se puede identificar con lo que usted defiende? No sé si es, además, una nueva Rusia que el régimen teme. ¿Es por ahí por donde puede venir un cambio?

R. Durante una guerra y una dictadura no hay ningún dato sociológico que pueda ser válido. Es un momento en el que la gente tiene miedo de responder, dar su opinión porque no sabe hasta qué punto le va a afectar. Hay indicios que muestran que la oposición está extendida sobre todo entre la gente joven, pero esto no es algo característico de Rusia. Seguramente el ser opositor está relacionado con nuestra juventud: no tenemos hijos, no tenemos un trabajo estable, no tenemos una gran carrera, por lo que el nivel de cosas que podemos perder no es el mismo que el de otras personas de más edad. Nos arriesgamos a perder nuestra libertad, la vida, pero nos afectan menos ciertas presiones sociales. Yo ahora no estoy en Rusia y no puedo hablar por ellos, pero por lo que me cuentan mis amigos, lo están pasando realmente mal. Están en un momento en el que viven bajo constante amenaza experiencias horribles, cada dos por tres las llevan a la cárcel para interrogarlas o cualquier otra cosa. Una amiga tuvo hace poco un brote psicótico… Es una situación de inseguridad constante.

P. ¿Su familia era opositora al régimen de Putin? ¿Cómo empezó en el activismo?

R. Mi familia solo ahora comparte mi punto de vista. Mis padres están categóricamente en contra de la guerra, de hecho también han salido a manifestarse, pero esto no siempre ha sido así. Con mi familia hemos vivido momentos muy duros por culpa de esto, entre ellos el año 2014 cuando hubo la anexión de Crimea en el que hubo un periodo en el que no nos hablamos. Ellos en aquel momento apoyaban a Putin y, además, mi padre es militar. Pero claro, en ocho años que llevo dedicándome al activismo, casi cada día de mi vida estoy haciendo algo relacionado con el activismo, mis padres ya parece que se han acostumbrado y se han adaptado a eso.

P. Es decir, lo que encendió su activismo fue la guerra de 2014.

R. No, participaba en manifestaciones ya antes. En 2011 hubo una serie de manifestaciones y allí ya estuve. Pero entonces no me consideraba activista, eran pequeños episodios de mi vida. En aquel momento estaba en la universidad y vino un agente del FSB para intentar reclutarnos. Lo que pedía era que le diéramos información sobre aquellos estudiantes que se habían manifestado y a cambio nos ofreció que hablaría con el rector para que nos permitiera hacer nuestra propia revista literaria (risas irónicas). Recuerdo que los orígenes de mi activismo estuvieron ahí, en la universidad. También recuerdo que en 2014 el profesor de Historia nos pidió que nos levantáramos en la clase y aplaudiéramos para celebrar la anexión de Crimea y nuestra respuesta en ese momento fue cargarnos su clase ya que todos pusimos el himno de Ucrania en nuestros teléfonos. En paralelo, por aquel entonces yo iba de forma activa a la iglesia ortodoxa, pero el cura, una persona en la que yo confiaba y con la que tenía un trato cercano, empezó a intentar convencerme de que había llegado el momento de que me casara y tuviera hijos y dejara de dedicarme a tonterías como el arte y la literatura. Ahí fue donde nació mi activismo.

«Nosotras somos una amenaza directa a este régimen masculino, patriarcal, machista y militarista que es el régimen putinista»

P. ¿Ha llegado a temer por su vida? ¿Teme ahora?

R. Sí. Sobre todo dos momentos concretos. Uno fue mientras corría delante de los antidisturbios armados con porras. Era una horda de hombres completamente armados que sabes que se te van a echar encima. Recuerdo tener mucho miedo. En Moscú por cada persona que sale a manifestarse hay como cinco antidisturbios completamente armados. En esa época organicé un retiro para activistas feministas. La dirección era secreta pero se filtró. Y recuerdo estar dentro de la casa y tener miedo de salir y dejar salir a cualquier activista porque se nos podían echar encima y acabar muy mal.

P. ¿Cree que va a volver a Moscú en algún momento? ¿Cómo cree que va a seguir la guerra de Ucrania?

R. No tengo pronósticos. Vivo sin pronósticos ni esperanzas porque soy consciente de que nuestros pronósticos no se cumplen y lo único que acaba pasando es que nos acabamos frustrando. Lo que sí tengo claro es que en algún momento voy a volver a Rusia. Lo único que pido es estar segura de que no voy a acabar en la cárcel. Sí estoy convencida de que este conflicto va a durar varios años. No tengo ninguna esperanza de que acabe pronto porque por desgracia Rusia tiene recursos suficientes para continuar esta guerra, y la guerra no se acabará hasta que a Rusia no se le acaben los recursos. Y no solo los tiene sino que tiene socios extranjeros que la apoyan y le proporcionan armas. Pero independientemente del tiempo que dure este conflicto considero que Rusia ya ha perdido y lo único que está haciendo es estirar su derrota. Ha perdido a nivel económico, humanitario, ideológico. La gente de mi generación vamos a tener que digerir esto durante decenas de años. No sé cuál es el futuro de Putin, espero que no le quede mucho tiempo y se muera pronto en medio de grandes sufrimientos. Pero sí tengo claro que cuando esto termine, todo lo que pase después va a depender de Ucrania porque va a ser Ucrania la que marque las condiciones. Va a tener que haber una serie de reparaciones, contribuciones, juicios contra las crímenes de guerra y esto sí que va a pasar.

«La guerra no se acabará hasta que a Rusia no se le acaben los recursos. Y no solo tiene recursos suficientes, sino socios que la apoyan»

P. Por cierto, ¿usted ha notado en estos meses rusofobia por parte de Occidente? En las artes, música, literatura rusas, hacia los rusos…

R. No. Ni siquiera estoy segura de si existe esta rusofobia que Rusia pretende mostrar a los rusos en forma de propaganda. Lo que sí que hay es este sentimiento de cautela de ciertos países como los bálticos hacia Rusia. No acaban de ver claro cómo relacionarse con los rusos. Pero esto también se entiende por la historia que comparten estos países. Para los bálticos Rusia también es un país invasor. Yo ahora mismo estoy en Georgia y para los georgianos, Rusia también es un país agresor, que me digan para qué país no lo es. Así que esta cautela nos puede enseñar mucho. Sí es verdad que puede ser traumática, pero a la vez una fuente de reflexión. Estamos en un época en la que el mundo es como si se deconstruyera y se volviera a construir, por lo que todo lo que no hemos reflexionado en los últimos conflictos bélicos a lo mejor lo podemos hacer ahora con la guerra de Ucrania.

P. ¿Usted en Georgia se siente segura?

R. Sí.

Fuente: https://www.elconfidencial.com/cultura/2023-01-28/daria-serenko-feminismo-lgtbi-putin_3564777/