Jorge Daniel Parra: Media sanción a Ley de Educación Ambiental en la Argentina: ¿reivindicación de la “filosofía” del Buen Vivir?

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Andrés Kogan Valderrama OPLAS

La alarmante situación del cambio climático en el mundo, la realidad del extractivismo (monocultivo, hidrocarburos y proyectos mineros) en Abya Yala y en la Argentina, metió presión para que el proyecto de Ley de Educación Ambiental (LEA) tuviera media sanción en la Cámara de Diputados de la Nación el 27 el marzo del 2021, después de más dos décadas de estar en la agenda de la política Argentina, hoy su aprobación está sujeta a la “voluntad” del Senado. Se espera también una media sanción para algunos de los 13 proyectos de Ley de los Humedales presentados, sin embargo el proyecto de Ley Derechos de la Naturaleza (2015) presentado por el fallecido Ex Senador Fernando E. Solanas y Rubén Giustiniani no correrá la misma suerte al menos por ahora, cuyo proyecto hasta tuvo un primer debate en el Senado de la Nación y su invitado principal fue prestigioso investigador Eduardo Gudynas. El actual proyecto de Ley Educación Ambiental está enmarcado en la Constitución Nacional de la Argentina (Artículo 41), Ley de Educación Nacional N°26.206 y Ley General del Ambiente N°25.675. No es algo que se desconoce en el sistema educativo, sino que el nuevo proyecto pretende un cambio de cultura saludable y la misma implica una mirada intercultural sobre la naturaleza. En este sentido el sentipensar de los pueblos originarios de Abya Yala ayudarán a reconstruir una ciudadanía comprometida con el medio ambiente. En algunas provincias de Argentina desde siempre asumieron con convicción el modo de vivir, sentir y pensar desde la tierra. Actitud que pudo observarse en muchas comunidades ante la amenaza de la desterritorialización. La radiografía de situaciones problemáticas ambientales en la Argentina, llevo en este tiempo a diferentes “insurrecciones” en todo su geografía y la posible LEA tendrá que dar respuestas a esas experiencias contextuales. En diciembre del 2020 el pueblo mendocino marcó el “final” y el despertar de tres décadas (1990-2020) de progresismo, extractivismo y neoliberalismo, porque inauguraba la nueva década del 20 a base de movilizaciones, luchas y resistencias que no fueron estériles porque el ejecutivo de la provincia derogó la ley 9209, que reformaba la 7722 y permitía la minería. Un hecho educativo más allá de la participación de educadores y estudiantes que defendían el territorio.

A finales del 2019 el coronavirus (covid19) sorprendía con su proliferación diaria a todo el mundo y desde ahí no parado curso con variadas cepas que provocan a diario miles de muertes. Si bien los orígenes del virus pueden ser diversos, lo cierto es que tiene como protagonista principal a la intervención del ser humano en su medio ambiente. La Argentina está viviendo la fuerza de letalidad del coronavirus con un saldo de 56.500 muertos, con este diagnóstico de avance progresivo del coronavirus en el año 2020 la producción agropecuaria no se detuvo en su producción (que implica la utilización de millones de litros de agroquímicos) hasta el día de hoy, sino que potenció su “hambre” de conquista territorial deforestando de norte a sur sobre once provincias y con un récord histórico que parece no tener fin; los innumerables focos de incendios también se propago en toda las regiones del país, en las islas del Delta del Paraná también registró un récord de incendios y comenzó en agosto del 2020, debido a los negocios inmobiliarios en donde se perdió más de 30.000 hectáreas con su flora y la fauna de los humedales (que espera una Ley de protección). El caso más reciente fue el “chubutazo”, el reclamo genuino de los patagónicos en contra de la megaminería, en donde 30.000 personas firmaron el petitorio para poder frenar lo que para el gobernador Arcioni, era “el futuro de la provincia”. Sin respuesta alguna del mandatario y ante la eventual aprobación en las sesiones on-line en la legislatura, la voluntad popular sureña salió a marchar para impedir que los diputados sesionaran y que finalmente se dio marcha atrás. A la semana de este acontecimiento la comarca andina de las provincias de Chubut y Río Negro, se incendiaba y muchas familias perdían todo. Los siete fuegos simultáneos devoraban las casas, los bosques nativos con toda su flora y fauna. ¿Atentado o incendios? ¿Intereses de oro o intereses inmobiliarios? No se sabe, lo cierto es que la perdida y su reconstrucción tendrán que esperar décadas.

En buena hora el proyecto de la Ley de Educación Ambiental que espera su aprobación y cuya implementación prevé herramientas de análisis, crítica y formación para todos los niveles del sistema educativo. Lo cual no quiere decir que con la vigencia de la Ley desaparecerá la deforestación, el confinamiento de animales, la explotación de hidrocarburos, el fracking, los basurales incontrolables, la destrucción de humedales, los incendios forestales y los millones de litros de agroquímicos en el agro-argentino. Pero algunas provincias han profundizado una mayor concientización desde hace décadas por los riesgos de explotación extractiva para la salud y se han potenciado con los últimos hechos que han protagonizado algunas comunidades en defensa de su territorio.

En este marco contextual se inyecta la posible Ley de Educación Ambiental al sistema educativo argentino. La realidad es que en muchas provincias han priorizado una formación integral de desarrollo tecnológico, agropecuario y empresarial, que de alguna manera responde a los modelos económicos extractivista. No está mal, pero lo cierto es que el sistema educativo deberá reivindicar algunos diseños curriculares de formación y especialmente el de la Educación Secundaria. Desde hace tiempo en la Argentina los docentes en filosofía han perdido horas por la tecnificación en planes de estudios, es decir que los contenidos y enseñanza que han estructurado “no funciona” para acompañar al sistema productivo. Por lo tanto, los contenidos tradicionales que forman parte de una colonización de saberes que figura en las editoriales responden a un pensamiento eurocéntrico y sin ninguna referencia a los territorios de Abya Yala. Desde hace tiempo se viene recuperando un “sentipensar” de los pueblos originarios para ser tratados en la formación de la educación secundaria. Porque la excelencia es avanzar en contra de lo establecido como diseño, que es lo ya acordado como la aceptación de que la Argentina es un país subdesarrollado con toda normalidad y no como un desafío a pensar otras alternativas. Es por eso que la “filosofía” del Buen Vivir de los pueblos originarios quedó reducida a una mera complementariedad, excluida y separada para pensar la naturaleza en el campo de la filosofía. Dice Gudynas (2011): “El Buen Vivir se aparta de los discursos que celebran el crecimiento económico o el consumo material como indicadores de bienestar, ni alaba la obsesión con la rentabilidad o el consumo. Sus apelaciones a la calidad de vida discurren por otros caminos, y además incluyen tanto a las personas como a la Naturaleza. Se abren las puertas a otras formas de hablar, escribir o pensar nuestro mundo”

La Argentina tiene mucho para aportar desde su modo de estar en la tierra para producir, como utilizar el agua y desde la convivencia con los animales. Así como existen ONG y fundaciones de protección a la biodiversidad, como lo tienen los yaguaretés que están en peligro de extinción, un maravilloso animal que vive en las selvas húmedas de Jujuy y salta, así también en el Chaco, Misiones y Formosa. La filosofía en educación secundaria tendrá que redireccionar sus alcances de reflexiones en torno al a la naturaleza, sin ser “servidora” de nadie si no quiere extinguirse de los planes de estudios de la educación secundaria. Muchos docentes en filosofía reclaman sus horas cátedras en algunas regiones de la Argentina y la posible aprobación de la LEA abre un camino para volver a pensar la naturaleza como sujeto de derecho.

Jorge Daniel Parra
Formosa – Argentina
Miembro del Movimiento al Buen Vivir Global: https://buenvivir.global/