Moira Millán: El movimiento feminista es indiferente a lo que pasa con los cuerpos-territorio de las mujeres indígenas

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OPLAS Andrés Kogan Valderrama

Entrevista de Lola Sánchez

Moira Millán es una weychafe mapuche, y una de las líderes en la defensa del territorio más reconocidas. Ha dedicado su vida a la lucha por la recuperación de las tierras ancestrales indígenas y la cultura mapuche, silenciada por la lógica colonial que sigue marcando la lógica de las instituciones. Ha trabajado intensamente para la ampliación y visibilización de los derechos de las mujeres indígenas, llevando a las marchas feministas los reclamos particulares de su comunidad. Lidera el Movimiento de Mujeres Indígenas por el Buen Vivir. En diálogo exclusivo con El Extremo Sur, Millán describe la opresión machista y racistas que atraviesa la vida de las mujeres mapuche, y destaca el «epistemicidio» ha arremetido contra la cosmovisión de los pueblos originarios, que poco tiene que ver con los ideales occidentales que dominan el imaginario social.

¿Qué significa en sentido profundo ser una weychafe?

Significa guerrero o guerrera, pero nuestra perspectiva de luchador o luchadora es diferente; ya que entendemos que luchamos porque somos guardianes de la vida, guardianes de los territorios. No existía en nuestros pueblos un sistema de organización bélica, no había ejércitos financiados. Simplemente las personas se organizaban ante la amenaza de su territorialidad, ante la amenaza de la vida. Y ahí aparecían los weychafe. Hoy en día estamos apareciendo porque la vida de nuestros territorios y de nuestros pueblos está bajo amenaza de muerte.

Es decir, que esta defensa no proviene de una raíz bélica, sino que es más pacífica.

El belicismo es una creación de la cultura dominante, de los Estados invasores. Lo vemos cotidianamente cuando el Ejército, Gendarmería y la Policía arremeten contra las comunidades con armas de fuego. Las comunidades lo único que tenemos para defendernos es la razón ancestral de nuestros derechos.

¿Cómo describís la situación actual de las mujeres indígenas en Argentina?

La interseccionalidad opresiva que padecemos y atravesamos las mujeres indígenas tiene un montón de artistas. Tenemos una situación que todavía perdura y contra la que luchamos que es la violación sistemática a niñas indígenas con una modalidad denominada «chineo», donde el terrateniente, el criollo con poder, y a veces en manda, viola a las nenas de las comunidades. La misma Justicia dice que son prácticas culturales cuando en realidad son aberraciones sexuales. Estamos haciendo una gran campaña para que el chineo se pueda considerar un crimen de odio, porque el crimen de odio implicaría que no solamente es la violación a una niña, como hacen los pedófilos o machistas, sino que además viene con una carga racista. La palabra «chineo» viene de la época de la Colonia, y estaba como legalmente permitido y socialmente aceptado que los hombres criollos violaran a las niñas. Ha pasado el tiempo y eso no ha cambiado. Se tiene que remarcar el origen de esta práctica, que no es endémica, sino que es traída del otro lado del mar; por parte de los invasores. Nuestra lucha anticolonial también se ve reflejada en la necesidad de erradicar para siempre costumbres colonialistas como esta, que son racistas y sexistas y provocan crímenes que terminan muchas veces en infanticidios.

¿Qué situaciones afectan a las mujeres adultas?

En muchos lugares se están dando situaciones de asesinato de las transnacionales que operan en los territorios indígenas; petroleras, mineras y forestales que contratan hombres armados. Vienen supuestamente para trabajar como peones, pero en realidad son sicarios que violan, tajean, torturan, mutilan a las hermanas indígenas para quedarse con los territorios y seguir avanzando con sus tentáculos extractivistas. Tenemos otro caso que se está sistematizando, que es de las ancianas. Ellas son depositarias de nuestra sabiduría, son mujeres sagradas en nuestro pueblo al igual que las niñas, y están siendo violadas y asesinadas. Todo esto nos está pasando como mujeres indígenas. La violencia, la discriminación, el no acceso a la Justicia. La inmensa mayoría no son hispano-parlantes, y aunque en Argentina se ha firmado el tratado internacional por los derechos lingüísticos nunca ha tenido vigencia. Las hermanas van a denunciar que fueron violadas y la justicia no toma la denuncia porque dice que no entienden lo que está diciendo. Están obligados por Ley a tener peritos traductores y no cumplen con esa norma.

¿Cómo fue la experiencia de llevar estos reclamos al movimiento feminista?

Costó mucho, está costando incluso. Ha sido muy difícil integrar la agenda del movimiento feminista. De hecho, todavía el movimiento feminista no termina de reconocer los reclamos. Hay sectores que sí entienden la plurinacionalidad de los territorios, entienden que es imposible hablar de lucha anti.patriarcal si no hay una lucha anti-racista y anti-colonial, y entonces ellas sí se han vuelto solidarias con nosotras. En Argentina el movimiento feminista sigue siendo completamente indiferente a lo que está sucediendo con los cuerpos-territorio de las mujeres indígenas a lo largo de todo el país.

Las luchas que enfrentás tuvieron alcance mundial. ¿Cómo fue surgiendo el contacto con organizaciones de otros países?

Eso afortunadamente se ha dado. El movimiento Mujeres Indígenas por el Buen Vivir está siempre siendo convocado por diferentes organizaciones a nivel mundial. Hace poquito nos pedían consejos desde Colombia para encarar allí también la denuncia contra las violaciones que se están dando a las niñas por parte de militares colombianos y miembros de las bases norteamericanas emplazadas allí. La labor que está llevando a cabo está trascendiendo las fronteras porque es un fenómeno totalmente diferente. No es la Iglesia Católica ni los partidos políticos ni las organizaciones sociales y piqueteras organizando a las mujeres indígenas. Somos mujeres indígenas organizándonos a nosotras mismas, desde nuestra cosmovisión. Desde nuestras realidades planteamos agenda política.

¿Desde los espacios académicos se ignora o se tergiversa la cultura de los pueblos indígenas?

La Academia a lo largo de la historia, desde la conformación de este país, ha sido epistemicida de nuestro pensamiento, de nuestra cultura. En algunos casos con buenas intenciones han querido contar, narrar o dar cuenta sobre nuestra cosmovisión y las han tergiversado porque las han pasado por el filtro de su cabeza colonial. En la actualidad tenemos diferentes actores académicos, tenemos compañeras que están poniendo todas sus herramientas, técnicas de abordaje de las problemáticas al servicio del movimiento y están trabajando codo a codo con nosotras. También hay académicas extractivistas que lo que esperan es que produzcamos nosotras conceptos e información, como ha sido por ejemplo el concepto de terricidio o de la plurinacionalidad de los territorios, que son conceptos nuevos que ha ido creando el movimiento de mujeres indígenas, para tomarlos y apropiárselos, lo que los vacía de contenido. Porque no son sólo palabras, son praxis y prácticas de nuestras luchas en los territorios.

¿De qué manera evaluás la causa judicial que se armó en tu contra tras tu intervención en la desaparición de Santiago Maldonado?

La Justicia en este país camina por un lado y lo que se llama legalidad camina por otro. Lo que entendemos por Justicia los mapuches es restablecer el orden armónico que ha sido quebrantado. La legalidad está formada por estas normativas represivas contra nuestro pueblo. Son dos sendas completamente separadas, en un horizonte en el que nosotras queremos empezar a caminar hacia la libre determinación. Lo que pasó allí, con mi solidaridad, denunciando las atrocidades que estaba cometiendo el Gobierno Nacional con sus fuerzas represivas, fue un intento de silenciamiento, de amedrentamiento. Pero también ese intento de encarcelarme (pedían 6 años de prisión), venía acompañado de mucho racismo enquistado en la conciencia social. Hay políticas segregacionistas, hay políticas de odio hacia nosotros. Hay un racismo que construyó el Estado desde su nacimiento, que no se ha ido de la sociedad argentina. Estamos sumamente preocupados porque tenemos un grupo de la derecha fascista racista de Bariloche con armas de calibre grueso, desde armas sofisticadas, con mira y silenciadores hasta armas tumberas con las que están convocando a una marcha contra el pueblo mapuche. Vemos como lamentablemente la lógica genocida del pueblo argentino de Roca está enquistada aún en todos los estamentos sociales de este país, y no ha habido política seria por parte del Estado argentino de erradicar esos estigmas, todo ese bagaje racista que permanece en la administración de Justicia y los distintos poderes del Estado.

¿Estos desplazamientos del territorio han generado un cambio en el tejido familiar, en la organización de la comunidad?

Este debilitamiento no ha sido solamente social, ha sido espiritual. En nuestros territorios ancestrales están nuestros ancestros que han muerto, están las fuerzas espirituales, las fuerzas elementales que construyen la vida de los territorios, y al haber desalojos estos desplazamientos hacen que nos alejemos de los lugares que nos fortalecían y donde teníamos un vínculo ancestral y milenario. Y de pronto, tuvimos que venir a los nuevos escenarios, que son los nuevos territorios donde nos han dejado, en su mayoría tierras muy afectadas, erosionadas, sin agua. Dejamos paraísos que cuidamos, que resguardamos para que los disfrute, para venir a parar a desiertos donde la vida es difícil. Nos ha afectado radicalmente. Se habla de una reparación histórica del Estado a los pueblos indígenas, pero en realidad es irreparable lo que nos han hecho. Lo único que estamos pidiendo es Justicia.

¿De qué manera analizás la idea moderna de desarrollo, argumento de muchos de los proyectos empresariales que se han apropiado de los territorios ancestrales?

Hay un paradigma que se está cayendo en el mundo, que es el paradigma del desarrollo de esta sociedad moderna capitalista, antropocéntrica, facista y patriarcal. Ese paradigma se está desplomando de a poco. Ellos ven que la humanidad empieza a desconfiar de este modelo de desarrollo, entonces rápidamente van incorporando mecanismos para reciclarse, para sostenerse en el poder, para evitar que se desplome su sistema. Sin embargo, hay gente joven que tiene ya una inteligencia, una sabiduría que les hace advertir que eso que nos venden como espejitos de colores no es verdad. Saben que lo único que está trayendo es contaminación, destrucción de los territorios, y que es una forma de firmar la notificación de defunción planetaria.

¿Qué rol desempeñan los pueblos indígenas en este proceso?

Hoy los pueblos indígenas venimos recuperando las formas ancestrales de recomponer la relación armónica con la tierra, de elaborar un proceso de desarrollo económico, social, cultural, espiritual, que contribuya a la verdadera sostenibilidad de la vida, la reciprocidad, al respeto, a la amorosidad con la tierra y entre los pueblos, a la amorosidad entre los géneros. Por eso también nos persiguen, porque no solamente se trata del genocidio físico. Quieren generar un epistemicidio, que frente a esta crisis civilizatoria no haya otra salida que seguir en la misma. Hay otra salida, y los pueblos indígenas la tenemos. Salen a matarnos, salen a perseguirnos, a estigmatizarnos, a decir que somos terroristas porque están aterrados de que todos los pueblos -no importa el color de piel, no importa la cultura, no importa las religiones-, podamos unirnos a favor de la vida.

¿Cuando se introdujo un paradigma occidental por parte de los colonizadores se introdujeron también las prácticas machistas?

El patriarcado introdujo esa mirada binarista. La introdujo a través de las religiones opresoras, religiones que hoy continúan esa tarea colonizadora, oprimiendo y llevando a la clandestinidad nuestra espiritualidad. Las religiones opresoras existen y se fortalecen a cambio de que nuestra espiritualidad siga siendo clandestina. Y por supuesto, esa perspectiva de género que era antigua, que era una visión de las relaciones, de la sexualidad, del amor completamente diferentes a la que maneja la cultura dominante, no es ni quisiera conocida. Recién ahora se está visibilizando otra vez. Estamos recuperando la memoria de lo que fue porque antes estaba prohibido, y era pecado. Hoy las generaciones más jóvenes estamos preguntados para atrás, como era. Lamentablemente las comunidades han sido atravesadas por el patriarcado. Hay machismo, homofobia, lesbofobia, hay violencia de género, todo lo malo, todo lo abyecto que trajo esta civilización hoy también está emplazada en nuestra vida cotidiana en las comunidades y es parte de nuestra lucha, la lucha que tenemos que llevar adelante las mujeres indígenas: la descolonización absoluta. No queremos el poder ni queremos empoderarnos. Queremos restablecer la armonía.

Publicaste una novela, «El tren del olvido». ¿Cómo construiste la llegada del tren en tanto metáfora de la civilización que llegó para usurpar?

«El tren del olvido», como bien lo dijo una crítica literaria en Página12, es la contramemoria de este país. Recoge todo aquello que fue omitido, de lo que nunca se quiso hablar que es el genocidio de la campaña del Desierto. El tren es la metáfora del progreso, que llega con balas y sangre para nosotros. Además, vemos un progreso que es efímero. Ese tren que llegó a la Patagonia, que provocó desalojos masivos y muerte después ni siquiera duró en el tiempo, porque ese mismo Estado que vendía que el tren era progreso luego decidió que ya no servía y lo desactivó. Entonces mi novela da cuenta de esto, la forma de construcción de ese paradigma de desarrollo, cómo nos atraviesa, cómo esas decisiones globales afectan de manera directa las políticas locales, cómo nuestro pueblo resistió. Esta es la gran pregunta: ¿Qué defiende el mundo mapuche? Defiende un modo de habitar el mundo, que nos hace diferentes y lo vamos a seguir defendiendo a pesar de tanta muerte desplegada sobre los territorios. Creemos que es la única manera de poder sostener la vida en el planeta. Entonces, «El tren del olvido» da cuenta de eso. Sin embargo, no quise caer en este binarismo de los villanos y los buenos. Plantea también la complejidad humana, donde lo bueno y lo malo habita en cada unx, tanto en el oprimido como en el opresor, hay puntos de contactos. Es también una analogía de la lucha mapuche con la lucha del pueblo irlandés, en un punto histórico se cruzaron, porque ambos estaban luchando contra la corona británica.

¿Creés que los medios de comunicación todavía reproducen prejuicios en torno a los pueblos originarios?

Los grandes medios hegemónicos, tanto oficiales como de oposición, son tremendamente racistas. Omiten hechos y noticias que no quieren que se filtren y que la opinión pública lo sepa. Recuerdo el año pasado, cuando ocupamos el Ministerio del Interior, en los últimos días de gobierno del macrismo. Tanto los medios oficiales macristas como la oposición se dieron las manos para silenciar ese hecho histórico: que las mujeres indígenas de las 36 naciones ocuparemos pacíficamente el Ministerio del Interior para denunciar las aberraciones y atropellos que se estaban cometiendo en los territorios y fundamentalmente contra nosotras. Ahí se ve que se han convertido todos en mercenarios mediáticos que responden solo a los intereses de las transnacionales y la agenda política; se comprometen a no develar las verdades que van surgiendo de los territorios en lucha, en las tensiones que se van dando, y cómo emerge la agenda nueva, exigencia de derechos como también nuevos actores sociales como somos las mujeres indígenas.

El 20 de agosto cumpliste años. ¿Qué balance hacés de tu vida y tu trayectoria como activista?

Estoy agradecida a mis ancestros y ancestras por darme la fuerza para caminar de punta a punta el país, agradecida a todas las hermanas que pude visitar, a las que pude escuchar e invitar para armar este movimiento de mujeres indígenas que hoy está conformado por centenares de mujeres muy bien organizadas. Empecé sola a caminar el país, a dedo, sin apoyo económico ni político, en soledad. Hoy veo un movimiento de mujeres que avanza en la agenda política. Me da mucha alegría. Siento que todos estos años que he ofrendado a la lucha no fueron en vano. Me parece que mi vida no ha sido en vano y estoy agradecida de haber podido dar mi fuerza y todo lo que estuviera a mi alcance para que algo cambie en este mundo.

Fuente: https://www.elextremosur.com/nota/26191-moira-millan-el-movimiento-feminista-es-indiferente-a-lo-que-pasa-con-los-cuerpos-territorio-de-las-mujeres-indigenas/