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Donna Haraway: Tenemos que imaginar que las cosas pueden ser de otra manera

OPLAS

Por Queralt Castillo Cerezuela

Este jueves, tuvo lugar una de las charlas más esperadas del Radical May, la edición confinada de la Fira Literal, la feria de ideas y libros radicales que se celebra por estas fechas en Barcelona. Fue la conversación entre Donna J. Haraway (Denver, 1944), una pope de la ciencia ficción feminista y una de las filósofas más importantes de nuestra era, y su traductora al español, Helen Torres. Interesa la opinión de una Haraway hablando en tiempos de pandemia, ella que lleva toda la vida imaginando otras realidades, como la que describe en Seguir con el problema (Consonni 2019) en la que Haraway escribe sobre la debacle ecológica de nuestros días, la precarización económica y la espiral en forma de crisis política en la que vivimos sumergidos. Tal y como lo describió en su momento el también filósofo Paul B. Preciado, “Donna Haraway es el Tomás Moro del presente, y su Chthuluceno, la utopía de una nueva alianza entre especies que se organiza para revitalizar un planeta devastado por el capitalismo patriarcal.»

En Seguir con el problema propone una “mirada futurista falsamente positiva e identifica la gran cantidad de cuestiones urgentes a las que la gente se enfrenta en sus ciudades, en sus lugares de trabajo, en el medio ambiente en el que vivimos y que tanto nos preocupa, en sus propias palabras.

Los ámbitos de estudio de Haraway se mueven entre la biología, la cultura, la política, el feminismo especulativo, la ciencia ficción y los mundos multiespecies: pensar y repensar las relaciones entre el ser humano y la tierra que habita. Y es por este motivo que su opinión importa, por supuesto que importa, porque ante las preguntas que nos plantea una ¿nueva? era que justo comienza, necesitamos respuestas, o por lo menos, hilos de que tirar.

Habló Haraway de la necesidad, en los tiempos que vivimos, en el que un tercio de la humanidad vive semirecluida en sus hogares a causa de la COVID-19, de estudiar la cultivación de la capacidad de respuesta ante las adversidades y aprovechó para recordar que esta pandemia, como suele pasar con las grandes crisis y desgracias que azotan el mundo, se ha cebado, una vez más, con las clases populares. “En Estados Unidos, los afroamericanos y otras comunidades de color han sido las más afectadas por el virus. También las comunidades indígenas, como los Navajo, el lugar con mayor número de casos del virus per cápita del país”.

Tal y como contaban en la BBC hace unas semanas, solo el 60% de la Nación Navajo, que tiene tres veces el tamaño de El Salvador y ocupa los Estados de Arizona, Utah y Nuevo México, tiene acceso a agua potable. “Es también la reserva india más tóxica: alberga 521 minas de uranio abandonadas, cuatro procesadores inactivos de ese metal y más de 1.100 sitios de desechos radioactivos que han contaminado el agua, de acuerdo con investigaciones de la Agencia de Protección Ambiental”, se asegura en dicho reportaje.

Haraway, siempre crítica y en pie de guerra con el sistema, lo tiene claro: “Vivimos en tiempos de intensificación y esto no ha acabado. La gente se tiene que dar cuenta de que lo que vendrá después no será lo mismo (…) No va haber una restauración de lo que había antes, necesitamos reconstruir nuestras nuevas condiciones juntos”. Habló de comunidad y de cuidados, dos elementos que se han intensificado en las últimas semanas; de los trabajadores y trabajadoras esenciales, aquellos y aquellas que han mantenido hospitales, supermercados y servicios básicos en pie, y que una vez más, “son los más explotados, los más vulnerables”. Y de la necesidad de protegerlos, a ellos y a los mercados locales. “Esta situación de urgencia quizás nos trae la muerte de otras maneras de vivir, como la que va ligada a la industria cárnica”, disparó.

En sus propias palabras, Haraway, es una persona “especialmente comprometida con entrelazar las ciencias biológicas, las artes, los estudios históricos y el activismo político para que se fortalezcan entre sí”. Apuesta, una vez más, por afrontar los problemas de manera colectiva, “no con espíritu cínico ni optimista, sino entrelazados, para generar un presente más robusto y resistente”. Porque en unos tiempos en los que todo parece tambalearse como una noria en un día ventoso, quizás lo que se necesite sea eso: una raíz robusta que nos permita seguir resistiendo.

Porque “tenemos que imaginar que las cosas pueden ser de otra manera. Si no podemos imaginar un mundo distinto al desorden establecido, moriremos”.

Fuente: https://www.climatica.lamarea.com/donna-j-haraway-no-tiene-respuestas-pero-ayuda-a-pensar/