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Cândido Grzybowski: Biocivilización

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La noción de biocivilización, o civilización de la vida, se refiere a la búsqueda de un nuevo paradigma de civilización, un concepto que todavía se encuentra en una etapa embrionaria. La biocivilización indica una dirección hacia donde moverse. Sin embargo, en lugar de presentar un modelo uniforme para el mundo, busca ser un concepto extremadamente diverso, como el planeta y la vida misma. Para alcanzar la biocivilización, debemos reintegrarnos con la vida y con la dinámica y el ritmo de los sistemas ecológicos, adecuándonos a ellos, enriqueciéndolos y facilitando su renovación y regeneración. En lugar de la lógica del libre mercado y la satisfacción de intereses privados, el principio rector debería ser asumir la ética de la responsabilidad colectiva e individual, con respecto a todas las relaciones y procesos, en la economía y en términos de poder, en la ciencia y en la tecnología.

Los pilares de la biocivilización consistirían en: hace lo mejor posible a nivel local, siguiendo el principio de subsidiariedad en relación con los demás niveles; centralidad de los bienes comunes; trabajo decente compartido entre todos los hombres y mujeres; derechos humanos, igualdad, libertad, felicidad y realización de las potencialidades de las personas, en toda su diversidad y de acuerdo a su voluntad.

Nos enfrentamos a un desafío filosófico y político sumamente serio. Es serio porque el resto consiste en desmantelar aquellas presunciones de pensamiento y acción que hemos internalizado y que, por esta razón, a menudo sin nuestro conocimiento consiente, dan formas a nuestras mentes y, por lo tanto, organizan la economía y el poder en la sociedad. Nos llevan a creer que la falta de desarrollo, el no desarrollo o el subdesarrollo están en la raíz de tales trastornos. El desarrollo es el sueño y la ideología que domina el planeta Tierra; se lo interpreta como un Producto Interno Bruto en permanente aumento, lo que implica la posesión y el consumo cada vez mayor de bienes materiales, sin importar qué.

Ante la crisis de la civilización capitalista dominante, un tema que surge como condición sine qua non es la necesidad de reestructurar y reconstruir nuestra relación con la naturaleza. Después de todo, somos parte de la biósfera. Somos naturaleza, naturaleza viva, dotados de conciencia. Las generaciones futuras tienen derecho a las mismas condiciones naturales que hoy disfrutamos. Además, la integridad del planeta es un valor en sí mismo, y es nuestro deber preservarlo. Interactuar con la naturaleza es, por definición, vivir. Desde una perspectiva biocivilizatoria, en esta relación con la naturaleza que definimos la sostenibilidad de la vida y del planeta.

La destrucción ambiental debe interpretarse como un aspecto de la creciente desigualdad social. Después de todo, la destrucción ambiental es socialmente desigual, y algunos grupos y sociedades son más responsables que otros. Vincular la lucha por la justicia social con la lucha contra la destrucción del medioambiente es vital, ya que una depende de la otra. Esto redefine radicalmente las luchas sociales de nuestro tiempo desde la perspectiva de la civilización de la vida.

Para volver a ser sostenible, la civilización humana moderna debe abandonar el antropocentrismo y cambiar radicalmente su visión y relación con la naturaleza. Todas las formas de vida, así como los complejos sistemas ecológicos interrelacionados que regulan el planeta Tierra, tienen el derecho fundamental a existir. Este debe ser el principio, la condición y la limitación fundamental de la intervención humana en la relación con la naturaleza y en la construcción de sociedades florecientes.

Los valores de cuidar, convivir y compartir hacen referencia a los conceptos básicos de una economía centrada en la vida. En realidad, son la economía primordial, ya que la vida humana se basa en estos valores. El cuidado es la actividad esencial de la vida cotidiana. Este trabajo vital es realizado principalmente por las mujeres, que soportan la carga de la dobla jornada y sufren la dominación masculina. De hecho, estamos sufriendo una inversión, donde lo que es esencial, la atención, la atención, se considera exclusiva del ámbito privado y sin valor para la economía dominante. El cuidado se niega a respetar el principio de valor del marcado capitalista, expresado mediante el Producto Interno Bruto. Debemos situar a la atención en el centro de la economía, como un principio para la gestión de la simbiosis entre vida humana y vida natural que conforma el planeta, y como la base de la vida de las comunidades, donde inevitablemente vivimos y compartimos con los demás.

La desmercantilización y la descomercialización de los bienes comunes son condiciones fundamentales para superar la crisis de civilización y avanzar hacia la sostenibilidad. Los bienes comunes son uno de los principios básicos de la biocivilización. Reclamar, expandir y recrear los bienes comunes son una tarea que implica la creación de un nuevo paradigma civilizatorio.

Los principios de convivir y compartir son el corolario de la atención. El cuidado florece con la vida comunitaria y la amistad. La vida cultural, los sueños, la imaginación, las creencias, los conocimientos y la cooperación, todos fructifican con el cuidado.

Aquí es donde surge un problema fundamental, que está presente en la actual cultura política de los derechos humanos, pero no con el suficiente énfasis. No hay derechos humanos sin responsabilidades humanas. Para ser considerado como titular de derechos, es necesario reconocer el mismo derecho para todos. Es decir, par atener derecho debemos, al mismo tiempo, ser responsables de los derechos de todos los demás. Esta es una relación compartida, y como tal, una relación de corresponsabilidad. La creciente conciencia de los derechos y responsabilidades humanas, tanto dentro como entre las sociedades, así como en la relación con la biósfera, arroja luz sobre el tema fundamental de la interdependencia, desde los niveles locales y territoriales hasta el ámbito planetario.

La propuesta de biocivilización fue el tema principal que se discutió por primera vez en un taller en 2011, organizado por IBASE, el Comité Organizador del Foro Social Mundial y el Foro para una nueva Gobernanza Global, en Río de Janeiro. En el mismo participaron alrededor de 60 activistas sociales de Brasil, Sudamérica, Sudáfrica, India, China y Europa. Fue esta una actividad preparatoria del Foro Social Temático (2012) y de la Cumbre Río + 20. Desde entonces, el concepto de biocivilización ha sido un tema principal en los diálogos entre Europa, América Latina y China.

 

Extraído del libro Pluriverso: Un diccionario del posdesarrollo (Ashish Kothari, Ariel Salleh, Arturo Escobar, Federico Demaria, Alberto Acosta (coords.)