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Christelle Terreblanche: Ecofeminismo

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Las ecofeministas señalan las conexiones históricas, materiales e ideológicas entre la subyugación de las mujeres y el dominio de la naturaleza. Como movimiento en evolución, hacen referencia a un variado corpus de teoría política y ética decolonial, instando a analizar cómo lo conceptos fundacionales están incorporados en, y corrompidos por, las hipótesis tradicionales de género y sexo. Desde sus inicios en la década de los 60, la teoría ecofeminista se inspiró en la acción directa de las bases. El ecofeminismo creció rápidamente junto a los movimientos antinucleares y pacifistas de los años setenta y ochenta, y en medio de una cada vez mayor preocupación ciudadana por la degradación ambiental. Sus activistas están dondequiera que la reproducción social y ecológica de la vida esté amenazada: ya sea por los desechos tóxicos, la violencia racial, la explotación de quienes se dedican a los ciudados, la pérdida de biodiversidad, la desforestación, la mercantilización de las familias o las desposesión de tierras ancestrales en nombre del “desarrollo”.

Las ecofeministas sostienen que la emancipación humana de las actitudes históricamente patriarcales no se puede lograr sin la liberación de todos aquellos seres calificados como “otros”. Consideran que las mujeres en el Norte Global y los pueblos campesinos e indígenas del Sur pueden fusionarse en una única y auténtica voz política. La razón es que esos colectivos sociales están capacitados para cuidar la vida humana y no humana. Por lo tanto, como expresión política, el ecofeminismo es sui generis y no simplemente una ramificación del feminismo, del marxismo o del ecologismo. Más allá de un una recíproca fertilización de ideas, el ecofeminismo rearticula las inquietudes feministas sobre la igualdad social al vincularlas con la justicia y la integridad ecológica

El ecofeminismo es a veces considerado como una recuperación de la sabiduría antigua sobre la interconexión de “toda la vida”, como el movimiento Chipko de mujeres de la India, que hace siglos protegían los bosques con sus cuerpos amarrados en torno a los árboles. Sin embargo, el término efeminisme se atribuye al llamamiento de la feminista francesa Francoise D´Eaubonne, en 1974, por una revolución para salvar la ecosfera. Ella propone una reconstrucción de las relaciones entre los seres humanos y la naturaleza y entre los hombres y las mujeres. El pionero análisis histórico de la teórica Carolyn Merchant sobre la revolución científica europea, La muerte de la naturaleza, demostró la determinación de los padres de la modernidad de dominar la soberanía reproductiva de las mujeres mediante la cacería de brujas institucionalizada. El conocimiento especializado de las herbalistas y parteras fue reemplazado por una “profesión de la medicina” que consideraba a la naturaleza y al cuerpo como “máquina”. Esto erradicó el principio de precaución inherente a las tareas de ciudados realizadas por las mujeres, mientras que simultáneamente reforzó una antigua ontología dualista de la superioridad y el control de los hombres sobre los “otros”, como las mujeres “ingobernables” y la naturaleza “caótica”.

Con frecuencia, la moderna ideología liberal hegemónica hace una lectura sesgada de la crítica ecofeminista, entendiendo que consagra la idea patriarcal de que las mujeres o los nativos están “esencialmente más próximos a la naturaleza” y, por tanto, son inferiores. De hecho, las ecofeministas deconstruyen los conceptos binarios hegemónicos derivados del dualismo “hombre versus naturaleza”, revelando cómo estos son utilizados por quienes disfrutan de privilegios de clase, de sexo-género o étnicos para mantener su dominación social sobre “los otros”. Si se lo entiende de esa manera, el punto de vista ecofeminista puede contribuir a afianzar la autoconciencia reflexiva de las personas en relación a cómo son consideradas por las vigentes relaciones de poder.

A escala mundial, las mujeres hacen el 65% de todo el trabajo por el 10% de los salarios, mientras que en el Sur global, las mujeres producen entre el 60 y el 80$ de todos los alimentos consumidos. A partir de sus investigaciones en el África colonial y en América del Sur, María Mies y sus asociados de la Escuela Bielefeld en Alemania propusieron una “perspectiva de subsistencia” que acredita los conocimientos ecológicos de las mujeres y los campesinos como generadores y proveedores de vida. Desde la década de los 80, este argumento económico ha afianzado el ecofeminismo como una postura política posdesarrollista, anticipando alternativas actuales como la cosmovisión indígena latinoamericana del bien vivir, o la reciente promoción en Europa del decrecimiento y las economías solidarias. Otro ejemplo de “mal desarrollo” sería la descripción de Vandana Shiva sobre cómo se perdió la soberanía alimentaria comunitaria lograda por las campesinas de la India, después de la introducción de las tecnologías de la Revolución Verde en el siglo XX.

A medida que las soluciones financieras y tecnológicas van profundizando la crisis ecológica, las ecofeministas desenmascaran el complejo carácter de clase, étnico y de género que caracteriza a la apropiación capitalista. Como política materialista es, por definición, no esencialista, pudiendo así establecer la relación entre el consumo excesivo en el Norte global, rico e industrializado, y sus consecuencias en el Sur. Son las periferias del productivismo capitalista patriarcal las que padecen sus efectos colaterales contaminantes, representados como deuda ecológica y como una deuda de las mujeres hoy vivas y de las generaciones futuras. Las ecofeministas materialistas como Ariel Salleh, Marý Mellor, Eva Charkiewicz, Ana Isla y otras, vinculan la subsistencia con la ecosuficiencia. Sus críticas estructurales de la economía reduccionista destacan su desinterés por el trabajo reproductivo en los hogares y en los campos y por los ciclos naturales de los que el capitalismo depende.

Las ecofeministas sostienen que el trabajo reproductivo precede a la valorización capitalista y marxista de la producción y el valor de cambio como motor de la acumulación. Salleh considera a estos trabajadores (mujeres, campesinos e indígenas) como una mayoritaria “clase metaindustrial” mundial, cuyas habilidades ponen de manifiesto una epistemología y una ética “materialista personificada”. Sus métodos regenerativos de abastecimiento en la naturaleza son una respuesta política y física a la crisis ambiental. Tales trabajadores existen en todo el mundo en un vasto, aunque aparentemente invisible, mosaico de trabajo no alineado, perpetuando la vida mediante una compleja red de relaciones humanidad-naturaleza. El trabajo metaindustrial enriquece los ciclos ecológicos como un “valor metabólico” positivo. Sin duda, el ecofeminismo amplía el enfoque tradicional análisis de clase marxista. Y, de hecho, u teorización de los fundamentos “naturalizados” de la apropiación capitalista mediante el trabajo reproductivo está siendo abordado por la izquierda académica. No obstante, siempre existe el riesgo de que las teorizaciones sobre las mujeres acaben incorporadas a las metanarrativas patriarcales vigentes.

Una política ecofeminista tiene como objetivo fomentar la emancipación humana a través de economías solidarias regenerativas, basadas en el compartir. Antepone la complejidad a la homogeneidad, la cooperación a la competencia, los bienes comunes a la propiedad y el valor de uso al valor de cambio. Esta política emancipadora está cosechando reconocimiento por su capacidad para esclarecer las convergencias entre los objetivos del ecologismo, el feminismo, el marxismo y la ética indígena centrada en la vida, como el swaraj en la India y la ética africana de ubuntu. Su análisis aporta, una base sociológica sistémica para todas las alternativas posdesarrollistas, que aspiran tanto a la igualdad como a estilos de vida sostenible. Las ecofeministas abogan por una visión del mundo basada en el cuidado de la diversidad de todas las formas de vida.

Extraído del libro Pluriverso: Un diccionario del posdesarrollo (Ashish Kothari, Ariel Salleh, Arturo Escobar, Federico Demaria, Alberto Acosta (coords.)