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Claudia von Werlhof: Nuevos matriarcados

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Los estudios matriarcales contemporáneos definen a los matriarcados como culturas, sociedades o civilizaciones enteras orientadas hacia la vida, que se han organizado en torno a las necesidades de las madres y los niños de manera horizontal e igualitaria, sin jerarquías, violencia, el Estado o una estructura de clase. El término “matriarcado” no significa “gobierno de las madres”, sino mater arché, en el sentido de que “en el comienzo de la vida hay una madre”.

Tras una extensa investigación, Göttner-Abendroth ha demostrado que los matriarcados eran normales en las sociedades prepatriarcales de todo el mundo y que eran pacíficos y respetuosos con el entorno natural. Más aún, han sido economías de subsistencia, culturas sumamente espirituales y relacionadas con la tierra y con la vida, basadas en las aptitudes y conocimientos maternales, además de no ser discriminatorias respecto al sexo, el género, la edad y las actividades. Ha habido múltiples formas de organizar los matriarcados según las condiciones del entorno, pero los principios básicos han permanecido iguales.

Los patriarcados, en cambio, comenzaron a desarrollarse hace unos cinco mil o seis mil años. Todo indica que fueron el resultado de catástrofes climáticas, lo que obligó a las poblaciones de algunas regiones, como Siberia, a migrar a otros lugares. Los patriarcados fomentaron la violencia y la guerra como un medio para sobrevivir y tomar el control de los matriarcados. Lo estados se convirtieron en la norma, especialmente donde habían surgido civilizaciones matriarcales altamente desarrolladas. Esto sucedió en regiones fértiles de todo el mundo, como el Indio, la Mesopotamia y el río Nilo. Como consecuencia, surgieron las estructuras de clases, las sociedades guerreras y la explotación de la población original.

Junto con la guerra, aparecieron señores y gobernantes, dioses y padres. El pater arché trajo consigo la ideología y la religión de “en el comienzo de la vida hay un padre”. El origen de vida con un padre, en lugar de una madre, se convirtió en la justificación de su poder. El significado de arché como origen acabó transformando; no solo eso, sino que también se combinó con la idea y el ejercicio del gobierno y, por lo tanto, con la dominación. Cabe destacar que la norma no proviene de la naturaleza; solo bajo el patriarcado la autoridad aparece como algo natural, ¡como el patriarcado mismo! A medida que se desarrollan las civilizaciones patriarcales, las civilizaciones matriarcales fueron conquistadas, oprimidas, destruidas, reemplazadas y revertidas en todas partes.

Hoy hablamos de matriarcado como una “segunda cultura” dentro del patriarcado, que consiste en los remanentes de las tradiciones matriarcales que aún sobreviven. En muchas regiones del mundo, sin embargo, los matriarcados han sobrevivido hasta el presente, particularmente entre las sociedades indígenas. Muchas de ellas han padecido patriarcados locales y perdido sus tradiciones originales bajo el creciente peso de la globalización. Pocas sociedades se han librado de experimentar los brutales impactos del patriarcado colonial.
La colonización moderna fue el resultado de un mayor desarrollo del patriarcado dentro del capitalismo moderno. La descripción más conocida de los primeros pasos de esta transformación es el libro de Frederick Engels, Los orígenes de la familia, la propiedad privada y el Estado (1884). Sin embargo, los estudiosos del matriarcado tienen una explicación alternativa. La civilización matriarcal europea se vio interrumpida por las invasiones desde el este y, más tarde, destruida por el Imperio Romano. Con la llegada de los tiempos modernos, Europa aplicó esta lección al resto del mundo. El resultado fue el “patriarcado capitalista” tal como lo conocemos hoy en día; el sistema mundial se ha convertido en una globalización neoliberal.

La relación entre capitalismo y patriarcado, motivo de muchos debates, sugiere que el capitalismo no es simplemente una economía respaldad por una cultura patriarcal, sino la última etapa del patriarcado. Esta visión solo llegó a ser posible cuando se incluyó en el análisis la cuestión del “desarrollo de las fuerzas productivas” y, especialmente, la máquina como sistema tecnológico que permite la metódica destrucción de la naturaleza. Esta comprobación demostró cómo desde su inicio el patriarcado siguió la utópica, “alquímica” idea de la “creación” de una “civilización superior” que finalmente seria independiente del mater arché, reemplazándolo completamente por pater arché. Esta creación masculina acabó desembocando en un patriarcado puro, sin necesidad de ninguna clase de madre o Madre Naturaleza. No obstante, el resultado ha sido la destrucción sistemática de la vida en el planeta, que no conduce a un mundo mejor, como se prometió, sino a un mundo muerto.

Si el patriarcado es el problema, el matriarcado es la respuesta. Esto significa que tenemos que encontrar una salida del patriarcado y tender a un nuevo matriarcado.

Las soluciones de la izquierda parecen ser las mismas que las promovidas por el “desarrollo”. Capitalismo y socialismo resultan ser dos caras de la misma moneda, ya que ambos están orientados hacia la moderna alquimia de la transformación destructiva de la naturaleza en capital. Los matriarcados que lograron sobrevivir y los nuevos que están surgiendo, aun cuando no se autodefinan como matriarcados, como el movimiento zapatista y el movimiento kurdo de Rojava, merecen ser reconocidos como alternativas a esta modernidad, que no es otra cosa que un sistema de guerra alquímico. Tales alternativas trascienden las relaciones destructivas y violentas con la naturaleza, las mujeres, los niños y la sociedad en general. Solo de esta manera los movimientos posdesarrollistas podrán evitar permanecer dentro de la tradición patriarcal alquímica y evolucionar hacia neopatriarcados poscapitalistas.

Hay movimientos y enfoques dentro de Occidente, como la perspectiva de subsistencia ecofeminista, la economía del don y la permacultura, que fomentan una nueva relación con la Madre Tierra para protegerla de la desertificación y de otras amenazas, como la geoingeniería promovida por el moderno complejo militar-industrial del patriarcado. Podríamos llamar a estos movimientos “matriculturas”, pero habrá que ver hasta dónde pueden llegar en el diseño de una nueva forma de vida, aprovechando los recuerdos de la lógica matriarcal que sobreviven en múltiples regiones del mundo.

Todos debemos tomar conciencia del “Odio de la Vida” que hemos incorporado como algo normal; y en cambio, redescubrir el amor por la vida y por la Madre Tierra y organizarnos en su defensa. Lamentablemente, hasta ahora esta profunda comprensión permanece en gran parte ausente de la mayoría de las alternativas políticas occidentales.

Extraído del libro Pluriverso: Un diccionario del posdesarrollo (Ashish Kothari, Ariel Salleh, Arturo Escobar, Federico Demaria, Alberto Acosta (coords.)